Por: Jessica Servín
En enero de 2026, Andy Dorantes, exploradora y atleta de resistencia mexicana, completó en 55 días el recorrido de 1,130 kilómetros entre Hércules Inlet y el Polo Sur, en solitario, sin asistencia y con autosuficiencia total. Con este logro se convirtió en la primera persona latinoamericana y en la mujer número 17 en el mundo en completar esta ruta.
La hazaña se suma a una trayectoria construida alrededor de algunos de los territorios más extremos del planeta. Dorantes completó las Siete Cumbres en 2023 y, de acuerdo con su sitio oficial, se convirtió en la persona más joven de Latinoamérica en alcanzar las cimas más altas de los siete continentes, además de ser la mujer latinoamericana más joven en conquistar el Everest, el Vinson y el Denali. En 2025 cruzó Groenlandia en esquís, recorriendo más de 600 kilómetros en 30 días, una expedición que formó parte de su preparación para la Antártida.

Durante aquellos 55 días, Dorantes esquiaba durante más de diez horas al día mientras arrastraba un trineo que llegó a pesar alrededor de 110 kilos. En su muñeca llevaba un OMEGA Speedmaster, una pieza cuya historia también está estrechamente vinculada con la exploración y que, para Dorantes, adquirió un significado particular al acompañarla hasta el Polo Sur. La exploradora habla aquí sobre la relación entre tiempo, precisión y resistencia, y sobre el reloj que se convirtió en una herramienta más durante uno de los viajes más exigentes de su carrera.
¿Qué papel juegan los relojes en tu manera de viajar y de descubrir nuevos destinos?
En mi vida, el tiempo y la precisión son fundamentales. En el tipo de expediciones que hago, cada minuto cuenta y, en algunas circunstancias, perder tiempo puede literalmente hacer la diferencia entre la vida y la muerte.
En la Antártida, por ejemplo, mi tiempo estaba completamente calculado. Si perdía un minuto por cada hora de esquí, al final de una jornada podía significar perder horas de avance. Y esas horas se traducían directamente en consumo de comida. Cuando llevas 55 días de comida sobre tus esquís y has llegado al punto de cortar las etiquetas de tu ropa o el mango de tu cepillo de dientes para ahorrar peso, un kilo y medio adicional de comida es muchísimo.
Recuerdo particularmente un día en el que tenía planeado comenzar a esquiar a las 8:30 y terminé empezando a las 8:33. Esos tres minutos parecían insignificantes, pero tuvieron un efecto dominó en todo mi día. Por eso, para mí, un reloj es mucho más que una pieza que marca la hora. Es un recordatorio constante de que no puedo desperdiciar ni un solo minuto.

¿Hay algún reloj que asocies especialmente con un viaje, una ciudad o una experiencia que haya marcado tu vida?
Sin duda, el OMEGA Speedmaster. Para mí fue muy especial llevarlo al Polo Sur porque conocía la historia que había detrás de esa pieza. El Speedmaster ha acompañado algunos de los momentos más importantes de la exploración: estuvo ligado a las misiones espaciales de la NASA y llegó a la Luna, y también estuvo presente en expediciones históricas como la de Ralph Plaisted al Polo Norte.
Por eso, para mí era un orgullo pensar que el mismo reloj que había estado en algunas de las expediciones más importantes de la historia podía acompañarme a mí hasta el Polo Sur. Era como cerrar un círculo: un Speedmaster que había estado en el Polo Norte, que había llegado a la Luna y que ahora estaba conmigo en el Polo Sur.

OMEGA tiene una fuerte conexión con la exploración y la aventura. ¿Qué significa para ti llevar una pieza de la marca cuando estás viajando?
Para mí significa llevar conmigo una parte de la historia de la exploración. Me da mucho orgullo saber que estoy usando una pieza que ha acompañado a personas que se han atrevido a ir más lejos: desde los astronautas que llegaron a la Luna hasta exploradores que se enfrentaron a algunos de los lugares más extremos del planeta.
Cuando llevé el Speedmaster al Polo Sur, esa conexión se volvió todavía más especial. Pensar que un reloj que había estado en el Polo Norte y había llegado a la Luna ahora estaba conmigo en el Polo Sur hizo que la pieza tuviera un significado mucho más profundo. No era solamente el reloj que llevaba en la muñeca; era parte de la historia que yo también estaba ayudando a escribir.
¿Qué características debe tener un reloj para convertirse en el compañero ideal de viaje?
Primero, tienes que poder confiar completamente en él. En mis expediciones necesito saber que la pieza va a resistir temperaturas extremas, movimiento constante y condiciones en las que cualquier pequeño detalle puede hacer una gran diferencia. La precisión también es fundamental. Pero también está la funcionalidad. Durante mi expedición en la Antártida, por ejemplo, llegué a colocar la correa de tela por fuera del guante para poder tener acceso a la hora en todo momento, sin tener que descubrirme la mano.
Para mí, el reloj ideal es aquel que deja de ser un accesorio y se convierte realmente en una herramienta: una pieza en la que sabes que puedes confiar cuando estás lejos de todo.


