Por: Jessica Servín
En el piso 14 de Sofitel Mexico City Reforma, la arquitectura interior encuentra una de sus expresiones más precisas en L’Obsidian. Frente al Paseo de la Reforma y con el Ángel de la Independencia como referencia visual, el bar se incorpora a la escena de la alta coctelería de la ciudad desde una premisa que privilegia la atmósfera tanto como la experiencia. Aquí, el diseño no funciona como telón de fondo: construye el carácter del lugar.
El proyecto, diseñado por Philippe Deroy y Mario Leal, parte de una lectura contemporánea del Art Déco. En lugar de reproducir sus códigos de manera literal, los traduce mediante proporciones, materiales, reflejos y una iluminación estudiada. El resultado es un interior de contrastes controlados, donde los tonos profundos conviven con el brillo del bronce, los textiles y una luz que delimita distintas capas dentro del espacio.

El nombre de L’Obsidian establece otra de las claves del proyecto. La obsidiana, piedra volcánica de superficie oscura y cualidades reflectantes, funciona como referencia conceptual para un interior construido alrededor de la profundidad, la materia y el reflejo. La ciudad, visible a través de los grandes ventanales, completa esa composición: durante el día aporta escala y perspectiva; por la noche, se convierte en parte de la iluminación del propio bar.
Dentro de esta arquitectura, Cosentino ocupa un lugar central. La firma participa en el proyecto a través de Silestone Chateau Brown Pulido, utilizado en las mesas del bar. Su tonalidad café chocolate introduce una nota cálida en una paleta dominada por materiales oscuros y detalles metálicos, al tiempo que establece una continuidad visual entre las distintas piezas de mobiliario.
La elección del material responde también a las exigencias concretas de un espacio de hospitality. Su resistencia al agua y la humedad, así como su durabilidad y capacidad de transformación, permitieron desarrollar elementos a medida sin separar las necesidades funcionales de la intención estética. En L’Obsidian, la superficie no se limita a resolver una aplicación práctica: adquiere volumen, presencia y protagonismo dentro de la composición.

“La combinación de Silestone Chateau Brown con los detalles en bronce nos permitió crear un equilibrio entre funcionalidad y diseño. La resistencia del material, junto con su excelente trabajabilidad, fue clave para desarrollar piezas que responden a las exigencias de un proyecto de hospitality sin perder el carácter sofisticado que define el concepto”, explica Mario Leal.
Esa posibilidad de trabajar el material con precisión se hace especialmente visible en los bordes volados y en los encuentros cuidadosamente resueltos. Son detalles que, más que llamar la atención por sí mismos, revelan la lógica constructiva detrás del interior: cada pieza responde a una intención espacial y cada acabado participa de la misma narrativa.
El resultado es un bar en el que la materia tiene tanto peso como la vista que lo rodea. La ciudad aparece enmarcada desde las alturas, mientras el interior responde con una composición contenida de piedra, metal, textiles y luz. L’Obsidian no busca competir con el paisaje de Reforma, sino establecer una relación con él: un espacio pensado para observar la ciudad mientras, en paralelo, se descubre la precisión de aquello que ocurre en su interior.
