Por: Jessica Servín
Con esta edición limitada de 100 piezas, Tiffany & Co. conmemora 160 años de su primer cronógrafo y vuelve sobre una faceta de la casa que suele quedar detrás de su legado en joyería. La pieza, que estará disponible a partir de este mes de septiembre, combina una caja de titanio con bisel de platino, una carátula azul oscuro y detalles en Tiffany Blue®. En su interior late el El Primero 400 de Zenith, un calibre automático integrado que convirtió a este movimiento en uno de los referentes de la relojería mecánica del siglo XX.
Pero hay otro elemento que merece atención: al observar el reloj por el reverso, el rotor revela una interpretación en oro amarillo de 18 quilates del Bird on a Rock, uno de los diseños más reconocibles de Tiffany.

La relación de Tiffany con la relojería comenzó mucho antes de que el reloj se convirtiera en uno de los objetos de colección que conocemos hoy. En 1847, Charles Lewis Tiffany comenzó a comercializar relojes al identificar el interés creciente por piezas de alta precisión y manufactura especializada.
En 1866, la casa presentó el Tiffany Timing Watch, considerado actualmente su primer cronómetro. Dos años después adoptó el nombre Tiffany Timer, mientras Tiffany & Co. inauguraba un taller de ensamblaje en Suiza. En 1874 llegó un nuevo capítulo con la apertura de una manufactura en Ginebra dedicada a la producción de relojes de mayor complejidad, entre ellos cronógrafos y calendarios.
La nueva edición parte precisamente de esa historia. A principios de 2026, Tiffany presentó una primera versión del Tiffany Timer, limitada a 60 ejemplares, con caja de platino, carátula Tiffany Blue® y un movimiento de cronógrafo personalizado. La segunda edición cambia el lenguaje visual y los materiales, pero mantiene el vínculo con aquel capítulo de la casa.

El nuevo Tiffany Timer mide 40 milímetros y apuesta por una construcción de dos materiales. La caja de titanio presenta un acabado satinado cepillado, mientras que el bisel está realizado en platino. La elección del titanio introduce una dimensión más contemporánea al diseño, tanto por su ligereza como por su acabado. Los pulsadores del cronógrafo siguen las líneas de la caja y se integran también como protectores de la corona, evitando que los elementos funcionales rompan la continuidad del conjunto.
La carátula azul oscuro tiene acabado rayos de sol. Sobre ella aparecen detalles en Tiffany Blue® en los marcadores de las subesferas, la escala exterior de los segundos del cronógrafo y la indicación de fecha. Además, el Tiffany Timer utiliza el El Primero 400, el calibre de Zenith que en 1969 marcó un momento decisivo para la relojería mecánica al convertirse en uno de los primeros cronógrafos automáticos integrados de producción.

Sin embargo, es en el reverso donde Tiffany introduce uno de los elementos más singulares de la pieza. A través del cristal de zafiro se observa el rotor calado, sobre el que aparece una recreación del Bird on a Rock, el célebre motivo creado por Jean Schlumberger para Tiffany. El ave, de apenas 1.4 centímetros de ancho, está realizada a mano a partir de una pieza maciza de oro amarillo de 18 quilates.

El interés de esta pieza está precisamente en esa combinación de referencias. Por un lado, recupera una historia que comenzó en 1866 y que conecta a Tiffany con la relojería de precisión. Por otro, utiliza un movimiento asociado a uno de los capítulos técnicos más importantes de la relojería suiza moderna. Entre ambos aparece el lenguaje propio de Tiffany: el azul de la casa, el platino, el oro y la reinterpretación de un diseño de Jean Schlumberger.
Con solo 100 ejemplares, el segundo Tiffany Timer del año funciona así como una pieza conmemorativa, pero también como una declaración sobre el lugar que Tiffany & Co. quiere ocupar dentro de la relojería contemporánea: no desde la fabricación de un objeto puramente técnico, sino desde la intersección entre mecanismo, diseño y joyería.
