Blancpain Bathyscaphe: el regreso de un clásico del buceo

Por: Jessica Servín

En su 70º aniversario, Blancpain vuelve a 1968 para recuperar una de las versiones más reconocibles de este reloj de buceo y llevarla al presente sin borrar aquello que lo hizo especial, se trata del Blancpain Fifty Fathoms Bathyscaphe.

El Bathyscaphe nació en 1956 como la interpretación civil del Fifty Fathoms, presentado tres años antes como instrumento para profesionales del mundo submarino. La idea detrás del nuevo modelo era sencilla y, para su época, bastante moderna: conservar las prestaciones de un reloj de buceo, pero hacerlo más contenido, elegante y cómodo para la vida diaria.

Ese espíritu define también la nueva edición. Su caja de acero inoxidable mide 37,40 mm de diámetro y mantiene unas proporciones cercanas a las del modelo histórico. Es una medida que hoy resulta especialmente interesante: suficientemente presente en la muñeca, pero lejos de las dimensiones más generosas que suelen asociarse con los relojes de buceo contemporáneos.

La primera mirada se la lleva la carátula gris meteorito con acabado rayos de sol. Sobre ella aparecen índices y agujas tipo bastón de oro blanco de 18 quilates, tratados con Super-LumiNova® en un tono vintage. El efecto es sutil: no pretende disfrazarse de reloj antiguo, sino recuperar la atmósfera de aquellos instrumentos que acompañaron la expansión del buceo recreativo durante los años cincuenta y sesenta.

También destaca el cristal de zafiro tipo glass box, que reproduce una característica del Bathyscaphe de 1968. El bisel de acero se extiende visualmente hasta un aro situado en la base del cristal, creando una silueta muy particular. El inserto, ahora de cerámica, conserva el aspecto más estrecho del original, pero ofrece una resistencia superior a la del hesalite utilizado entonces.

Otro detalle que cambia por completo la personalidad del reloj es la correa de piel de becerro color chocolate, cosida a mano. Con el tiempo desarrollará su propia pátina, por lo que el reloj irá adquiriendo una apariencia cada vez más personal. Es un pequeño gesto, pero dice mucho sobre la intención de esta pieza: el vintage aquí no está solo en el diseño, sino también en la manera de vivirlo.

Detrás de esta estética aparentemente sencilla trabaja el calibre automático de Manufactura Blancpain 1150. Su reserva de marcha alcanza las 100 horas, es decir, más de cuatro días, mientras que la espiral de silicio aporta resistencia frente al magnetismo y ayuda a mantener la estabilidad del movimiento.

El fondo de caja de cristal de zafiro permite verlo en funcionamiento y descubrir acabados propios de la Alta Relojería. La masa oscilante de oro de 18 quilates retoma la inspiración del Fifty Fathoms original y convierte el reverso en algo más que una superficie técnica: es otra parte del reloj que merece ser contemplada.

Y aunque su aspecto sea más refinado que el de un instrumento profesional, sigue siendo un auténtico reloj de buceo. Su hermeticidad de 30 bar, equivalente a 300 metros, mantiene intacta esa conexión con el universo submarino que está en el origen del Bathyscaphe.

Limitado a 300 ejemplares numerados, este Fifty Fathoms Bathyscaphe de Blancpain no intenta reinventar una historia que ya funciona. Hace algo más interesante: toma una de sus páginas menos obvias, la de 1968, y la vuelve a contar con las herramientas de la relojería actual. El resultado tiene la medida justa de nostalgia, pero también la suficiente personalidad para no vivir únicamente del pasado.

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