El canto mecánico de Tiffany convertido en objeto de deseo

Por: Jessica Servín

En el universo de Tiffany & Co., el tiempo rara vez se presenta de forma literal. Con Singing Bird on a Clock, la maison propone una pieza que se sitúa en la frontera entre la alta relojería y la escultura animada, donde la medición horaria convive con una puesta en escena cuidadosamente orquestada.

El punto de partida es reconocible: el célebre Bird on a Rock concebido por Jean Schlumberger en 1965. Aquella figura —ligera, casi suspendida— encuentra aquí una nueva dimensión, trasladada a un objeto tridimensional que incorpora movimiento, sonido y volumen. No se trata de una reinterpretación decorativa, sino de una expansión conceptual.

El resultado toma forma en una caja de cristal transparente que deja al descubierto un mecanismo tan complejo como hipnótico. En su interior, un ave engastada en diamantes se posa sobre una estructura de rayos solares en oro amarillo de 18 quilates. Al accionar el pulsador lateral, la escena se activa: el ave gira, despliega sus alas, articula el pico y emite un canto que sorprende por su naturalidad. Todo ocurre en sincronía, sin artificios visibles, como si la mecánica desapareciera tras el gesto.

Este tipo de autómatas remite a una tradición que se remonta al siglo XVIII, cuando las cortes europeas incorporaban aves cantoras como demostración de ingenio técnico y refinamiento estético. La diferencia aquí radica en la precisión contemporánea. El sistema sonoro —desarrollado junto a Reuge— utiliza fuelles y tubos diminutos que funcionan como un órgano en miniatura: el aire comprimido define la melodía, mientras levas y engranajes coordinan cada movimiento con exactitud milimétrica.

La dimensión escultórica es igualmente rigurosa. El ave, construida en titanio para garantizar ligereza, está compuesta por 28 elementos móviles, con detalles en oro pulido y un engaste de diamantes que se extiende hasta la cabeza, donde dos rubíes marcan la mirada. La caja, por su parte, integra pilares de titanio con acentos en oro y diamantes engastados mediante técnica snow setting, generando una superficie que captura y fragmenta la luz en múltiples direcciones.

La indicación del tiempo se mantiene deliberadamente discreta. Las manecillas de oro amarillo recorren marcadores tridimensionales con diamantes, integrados en la estructura sin competir con la escena principal. El mecanismo horario, de cuerda manual independiente, ofrece una reserva de marcha de ocho días, reafirmando que la precisión sigue siendo parte esencial del conjunto.

Hay, además, un gesto simbólico: el ave canta automáticamente cada día a las 5 p.m., en alusión a la histórica boutique de la Quinta Avenida de Nueva York. Más allá de ese momento programado, el propietario puede activar la secuencia a voluntad, con una duración de más de diez segundos y múltiples repeticiones posibles. La pieza es una creación limitada a 25 ejemplares.

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