Por: Izaskun Esquinca
Para entender la relevancia del nuevo Blancpain Ladybird Bullet, hay que remontarnos a 1956, cuando Blancpain presentó un reloj que marcaría un capítulo fundamental en la historia de la relojería femenina. Bajo el liderazgo de Betty Fiechter, primera mujer en dirigir una manufactura relojera suiza, la casa creó el Ladybird, equipado con el movimiento mecánico redondo más pequeño del mundo producido en serie en aquella época. Setenta años después, Blancpain recupera aquel espíritu de miniaturización con el nuevo Blancpain Lady B, una creación que lleva la mecánica a un volumen de apenas 2.9 cm³.

El Ladybird nació en un momento en que las formas orgánicas comenzaban a transformar el diseño de los años cincuenta. Era la era atómica y el inicio de la carrera espacial, una época marcada por el optimismo tecnológico y por una nueva estética que sustituyó las líneas rectas por volúmenes más fluidos. El Ladybird Bullet tomó ese lenguaje y lo llevó a la muñeca mediante una caja de formas redondeadas. El nuevo Lady B retoma precisamente ese concepto, aunque Blancpain aclara que no se trata de una reedición, sino de una reinterpretación contemporánea de aquella idea: integrar la alta relojería en un objeto del tamaño de una joya.

La arquitectura del Lady B fue concebida alrededor del calibre automático de manufactura 615. Caja, cristal de zafiro, realce, paso integrado de la correa y hermeticidad fueron desarrollados de manera simultánea para conseguir una pieza definida por su volumen y no únicamente por su diámetro. El resultado es una caja esférica de 19 mm de diámetro y 13.2 mm de grosor, con un volumen de 2.9 cm³. La construcción en dos partes y la integración del paso de la correa permiten conservar una apariencia prácticamente monolítica, mientras que más de treinta planos técnicos fueron necesarios para desarrollar su geometría.


En su interior late el calibre Manufactura 615, un movimiento automático de 15.70 mm de diámetro y 3.90 mm de grosor, compuesto por 180 componentes y 29 rubíes. Trabaja a una frecuencia de 3 Hz, equivalente a 21,600 alternancias por hora, y ofrece una reserva de marcha de 38 horas. Sus puentes están decorados con Côtes de Genève y cuenta con una espiral de silicio. Presentado originalmente en 1995, el calibre 615 ha evolucionado de manera continua a lo largo de las décadas.

La complejidad del Lady B también está en aquello que prácticamente desaparece a primera vista. La correa atraviesa directamente la caja mediante una abertura mecanizada en el metal, prescindiendo de las asas tradicionales. Esta abertura mide apenas 10 × 1.6 mm y su acabado combina microarenado con trabajo manual en los cantos y superficies moleteadas. La caja, disponible en acero inoxidable u oro rojo de 18 quilates, recibe acabados pulidos, satinados y microarenados realizados a mano. Incluso los grabados se mecanizan mediante herramientas de corte mecánico, una muestra de que la miniaturización no implica renunciar a los códigos de la alta relojería.

La carátula mantiene esa misma filosofía de discreción. Tanto la versión de acero como la de oro rojo presentan una tonalidad beige opalina obtenida mediante una incrustación de oro, sin engastes que distraigan de la materia y la luz. Los índices aplicados tipo bastón están realizados en oro, mientras que las manecillas de horas y minutos mantienen un diseño sobrio. El realce pulido funciona prácticamente como un espejo y prolonga visualmente las curvas de la caja.
A esta propuesta se suma una correa de piel de becerro de doble vuelta, disponible en siete colores: blanco, beige, moka, burdeos, azul, coral y morado. Su sistema de integración permite cambiarla con facilidad y refuerza una de las características esenciales del Lady B: su capacidad para situarse en la frontera entre reloj, joya y objeto de diseño, sin abandonar su naturaleza mecánica. La pieza cuenta además con una resistencia al agua de 30 metros.
La historia detrás del Lady B también es la historia de Betty Fiechter. Ingresó a Blancpain como aprendiz a los 16 años y, después de convertirse en copropietaria de la Manufactura en 1933, asumió su dirección en una época especialmente compleja para la relojería suiza. Fue la primera mujer propietaria y directora de una manufactura relojera suiza y defendió una idea entonces poco convencional: que la relojería femenina merecía el mismo ingenio y rigor mecánico que cualquier otra creación. Junto con su sobrino Jean-Jacques Fiechter, dio vida al Fifty Fathoms en 1953 y al Ladybird en 1956.
Desliza para ver la versión en oro rojo y otra en acero.


El movimiento R52/R55 fue el corazón de aquella revolución. Con un diámetro de apenas 11.85 mm, incorporaba una quinta rueda en el tren de engranajes para controlar la fuerza transmitida al escape y reducir sus dimensiones, además de un sistema de protección contra impactos para el volante. Estaba compuesto por 133 componentes y ofrecía una reserva de marcha superior a 40 horas. Su arquitectura permitió posteriormente crear relojes-joya, brazaletes, anillos, colgantes y otras piezas que convirtieron al Ladybird en un verdadero laboratorio de expresión relojera y joyera.
