Recorrido por las colecciones icónicas de Blancpain

De la mano de Harumi Kimura, brand manager de Blancpain en México realizamos un recorrido por tres salas al interior de la Galería Mariane Ibrahim en la colonia Juárez de la Ciudad de México para descubrir, en cada espacio, las colecciones más emblemáticas de esta marca reconocida como una de las manufacturas relojeras más antiguas del mundo, fundada en 1735.

La experiencia se desarrolló como una visita curatorial donde cada sala funcionaba como una cápsula del tiempo dedicada a uno de los universos creativos de Blancpain. Entre muros minimalistas, perfecta iluminación y piezas cuidadosamente seleccionadas, el recorrido permitió entender cómo la firma ha construido, durante casi tres siglos, un lenguaje propio basado en tradición, innovación y savoir-faire.

Nuestro recorrido inició con la colección Fifty Fathoms, uno de los capítulos más importantes en la historia de la relojería submarina. Presentada originalmente en 1953 como el primer reloj de buceo moderno, esta línea continúa representando el espíritu de exploración de la Maison. Entre las piezas protagonistas destacaron referencias como Fifty Fathoms 5007, Bathyscaphe y el recientemente presentado Tech 5029 en cajas de 45mm. Cada modelo reafirma el vínculo de Blancpain con el océano a través de cajas robustas, alta legibilidad y soluciones técnicas que elevan el desempeño mecánico sin perder refinamiento estético.

La siguiente sala nos condujo hacia un universo completamente distinto. Ahí, la colección Villeret mostró el lado más clásico y elegante de la manufactura. En contraste con el carácter instrumental de Fifty Fathoms, las piezas Villeret revelaron una estética depurada donde las fases lunares, los calendarios completos y las proporciones equilibradas se convierten en protagonistas silenciosos. Modelos como Villeret Quantième Complet y Villeret Heure Décentrée reflejaron esa búsqueda de pureza visual que distingue a la línea más tradicional de Blancpain. Oro rojo, carátulas opalinas, números romanos y manecillas estilizadas dialogaban con la arquitectura de la galería como si se tratara de pequeñas obras escultóricas.

La narrativa continuó avanzando entre vitrinas y detalles mecánicos hasta llegar a la expresión delicada de la firma: Ladybird. La colección femenina de Blancpain cerró el recorrido con una propuesta donde la relojería y la joyería convergen de manera natural. Fases de luna, carátula de madreperla, diamantes engastados a mano y delicados juegos cromáticos construyeron un ambiente íntimo y sofisticado que también recordó el legado de Betty Fiechter, figura clave en la historia de la Maison y pionera en la relojería femenina.

Más que una simple presentación de producto, la experiencia organizada por Harumi Kimura y su equipo permitió recorrer las distintas identidades de Blancpain como si se tratara de una exposición artística. Cada sala reveló una interpretación distinta del tiempo: la exploración en Fifty Fathoms, la elegancia atemporal en Villeret y la expresión femenina en Ladybird. Tres universos que, aunque distintos entre sí, comparten la misma obsesión por la excelencia mecánica y el detalle artesanal que ha definido a Blancpain desde el siglo XVIII.

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