En Watches and Wonders 2026, Maurice Lacroix reafirma su afinidad por los mecanismos que cuestionan lo evidente. La nueva Masterpiece Mysterious Second no busca impresionar, sino alterar la percepción de los segundos hasta convertirlos en un gesto casi escénico.

Esta pieza introduce una lectura que cambia de orientación cada 15 segundos. Vertical, horizontal, nuevamente vertical. El ritmo permanece constante, pero su representación se transforma. El resultado no es un truco, sino una coreografía técnica que desplaza la atención del conteo al fenómeno.
En tanto, su carátula, abierta y geométrica, deja al descubierto la arquitectura del movimiento. Sobre ella, un disco translúcido parece suspendido sin soporte visible, reforzando una sensación de ingravidez cuidadosamente construida.


En su interior, Masterpiece Mysterious Second nos muestra una aguja azul que gira sobre sí misma mientras redefine su eje de lectura. Este recurso, lejos de lo ornamental, introduce una tensión visual que obliga a mirar dos veces. No hay concesiones narrativas: el mecanismo no se explica, se observa.
Además, el desarrollo de manufactura —duodécimo dentro de la casa— sostiene esta propuesta con precisión. Visible a través del fondo de zafiro, el movimiento automático Calibre ML215 despliega acabados que dialogan con la alta relojería contemporánea.

Los puentes, organizados en trazos definidos, se presentan en dos variantes: rodiado o rutenio. La indicación horaria se desplaza a las 2 en punto, una firma reconocible de la colección Masterpiece, que aquí adquiere una presencia más gráfica que funcional.
El conjunto se aloja en una caja de acero inoxidable de 43 mm, equilibrada en proporciones y presencia. Dos versiones limitadas definen su exclusividad: una en acero y otra en PVD negro, con producciones restringidas que subrayan su carácter de objeto de colección.

Dentro del universo Masterpiece, esta creación no se inscribe en la lógica tradicional de la complicación. No añade funciones; modifica la forma en que se interpretan. Esa diferencia, sutil en apariencia, redefine la relación entre usuario y reloj.

El Masterpiece Mysterious Second no se limita a medir el tiempo. Lo descompone, lo reordena y lo presenta bajo una lógica distinta. En ese gesto, Maurice Lacroix confirma que la innovación también puede ser una cuestión de percepción.
